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¿Cual será el Panteón de la Monarquía Hispánica Parlamentaria? Su Majestad la Reina Doña Sofía no quiere ser enterrada en el Panteón de la Monarquía Hispánica del Real Sitio del Escorial   Leave a comment

El 28 de febrero hizo 70 años de la muerte de Alfonso XIII en Roma. Con este motivo, Almudena Martínez publicaba en ABC un amplio reportaje. En él se recordaba la repatriación del cadáver del soberano, desde la Iglesia de Santa María de Montserrat de los Españoles (Santa Maria in Monserrato degli Spagnoli), de Roma, para ser enterrado en el Panteón de Reyes del Monasterio del Escorial.

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Santa Maria in Monserrato degli Spagnoli

La periodista comentaba que el Panteón Real se encuentra ya al completo. El día que el rey o la reina fallezcan (larga vida a sus majestades) tendrán que buscarles sepultura en otro lugar. Sin embargo, Su Majestad la Reina Doña Sofía confesó a la periodista Pilar Urbano que El Escorial no le gusta ni poco ni mucho ni nada. Lo encuentra tétrico.

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Según Su Majestad el Rey Don Juan Carlos, a S.M. la Reina le gustaría que la enterrasen en el Jardín del Palacio de La Zarzuela.  El Cementerio de la Familia Real Griega está ubicado en los Jardines del Palacio Real de Tatoi. S.M. la Reina residió en Tatoi hasta que contrajo matrimonio con Don Juan Carlos, Príncipe de Asturias, en el verano de 1954. También le agradaría ser incinerada: “Aunque eso de incinerarla y esparcir sus cenizas por el Egeo es una idea que le va”. De todas formas, “los cajones del Panteón de Reyes ya están llenos”.

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En efecto, se completarán con los restos del Conde de Barcelona, como Juan III de España (por voluntad expresa de S.M. el Rey Don Juan Carlos I: primero de la Monarquía Hispánica Constitucional y Parlamentaria), y de su esposa. María de las Mercedes de Borbón-Dos Sicilias. El enterramiento del Conde de Barcelona y de su esposa, ha sido excepcional, pues en el Panteón Real del Escorial no se encuentran algunas reinas consortes por el hecho de haber fallecido sin dar un heredero al trono: salvo Isabel de Borbón, primera esposa de Felipe IV: fue enterrada en el Panteón Real del Escorial porque fue una de sus promotoras. 

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Créditos: El Mundo, Crónica 6/3/2011 – Jaime Peñafiel, A la reina no le gustaría ser enterrada en El Escorial; Creative Commons, Iniciativa Proyecto Camelotescorial

Efemérides: 70 años de la muerte de Alfonso XIII – El Conde de Barcelona no descansó hasta que pudo cumplir el juramento que hizo a su padre en el lecho de muerte: traer sus restos a España   Leave a comment

Hace 70 años, en una habitación del Gran Hotel de Roma, el Rey Alfonso XIII agonizaba rodeado de su familia a 1.300 kilómetros de su patria. La última noche de su vida la había pasado bastante tranquila, hasta el punto de que los médicos creyeron apreciar una ligera mejoría. Su esposa, la Reina Victoria Eugenia, que había viajado desde Lausana para estar a su lado en el trance, y sus hijos se disponían a salir. Tenían previsto asistir a los funerales del marqués de las Torres de Mendoza, secretario del Rey, que había fallecido recientemente.

Eran las diez y media de la mañana y, de repente, Alfonso XIII sufrió un ataque cardiaco. Avisado el doctor Frugoni, le administró dos inyecciones de adrenalina, pero el Rey no se recuperó, y el médico pidió a la familia que pasara a la habitación. El padre López dio la Extremaunción y el Santo Viático al Rey moribundo, que conservó la lucidez hasta el final. Sólo tenía 55 años, pero parecía que había vivido mucho más.

Nacido Rey como Heredero póstumo de Alfonso XII, en plena adolescencia (17 años) accedió al Trono de una nación que atravesaba uno de los periodos más turbulentos de su historia. Llama la atención, por lo acertado de la premonición, lo que aquel joven Rey escribió en su diario en 1902: «En este año me encargaré de las riendas del Estado, acto de suma importancia tal y como están las cosas, porque de mí depende si ha de quedar en España la Monarquía borbónica o la República… Yo espero reinar en España como Rey justo. Espero, al mismo tiempo, regenerar a la Patria…» Y esa fue su meta durante 28 años, en los que en España se sucedían los acontecimientos a un ritmo trepidante: la Semana Trágica, los asesinatos de Canalejas y de Dato, la huelga revolucionaria de 1917, la guerra de Marruecos, la Dictadura, tres atentados contra su persona (uno el día de su boda)…

Sin «el amor de mi pueblo»

Es posible que el Rey recordara en su lecho de muerte su vida en España, de donde partió la noche del 14 al 15 de abril de 1931, después de que se proclamara la República de una forma peculiar: por la vía de hecho, sin ningún mandato popular. En las elecciones municipales del 12 de abril los monárquicos obtuvieron un mayor número de concejales que los republicanos, pero éstos triunfaron en 41 de las 50 capitales de provincia, y el Rey lo interpretó como un fracaso. «Las elecciones celebradas el domingo me revelan claramente que no tengo hoy el amor de mi pueblo», manifestó Alfonso XIII en un mensaje de despedida que sólo ABC publicó al día siguiente. «Quiero apartarme de cuanto sea lanzar a un compatriota contra otro en fratricida guerra civil», agregó antes de partir al exilio.

Pero la salida del Rey no contuvo la ola de violencia que se estaba extendiendo por España. Por el contrario, el nuevo Gobierno provisional alentó el anticlericalismo y la violencia contra los monárquicos, y el 11 de mayo, en un solo día, se quemaron seis iglesias en Madrid y 18 centros católicos en el resto de España. En ese clima de confrontación, el 28 de junio se celebraron unas elecciones que dieron un triunfo rotundo a la Conjunción republicano-socialista. Cinco años después, Alfonso XIII contemplaba desde el exilio cómo se desangraba España en una guerra civil que él había tratado de evitar.

Poco antes de que el Rey expirara, su hijo, Don Juan de Borbón, en quien había abdicado el 15 de enero de 1941, le había jurado que no descansaría hasta que sus restos reposaran para siempre en su patria, en el Monasterio de El Escorial, que su antepasado, Felipe II, había mandado construir para cumplir, también, un encargo de su padre, Carlos I: crear un Panteón para la Dinastía. Pero aún tuvieron que pasar 39 años y muchos acontecimientos para que el Conde de Barcelona, Don Juan de Borbón, pudiera cumplir el mandato paterno.

«Majestad, misión cumplida»

Durante ese tiempo, Alfonso XIII descansó en la capilla de San Diego de Alcalá, en el templo español de Santiago y Montserrat, en Roma. Casi cuarenta años después, con el cáncer enroscado a la garganta y la fiebre de 40 grados quemándole los ojos, Don Juan entregó los restos mortales de su padre al prior del Monasterio de El Escorial, tras pedir la venia a su hijo, el Rey Don Juan Carlos. Alfonso XIII había regresado a España por el mismo camino por el que había partido hacia el exilio, desde el puerto de Cartagena. En el monasterio Don Juan se cuadró ante su hijo y le dijo: «Majestad, misión cumplida».

Créditos: ABC 27/02/2011 – ALMUDENA MARTÍNEZ-FORNÉS

Isabel II o la España Ingobernable de la Monarquía Constitucional de los siglos XIX y XX   Leave a comment

Caricatura de Isabel II

Isabel II empezó su reinado como una gran esperanza blanca y acabó huyendo como apestada. Cuando murió en París en 1904, su nieto, Alfonso XIII, mantuvo su agenda y evitó el roce con tan nefasto símbolo. El cadáver de la anciana se envió casi a hurtadillas al panteón de El Escorial. Los Borbones siguientes se alejaron de Isabel II como de un agente infeccioso. Quedó en la memoria colectiva con trazo grueso: La Chata, una casquivana. Incluso los hermanos Bécquer la satirizaron en pinturas pornográficas practicando sexo con confesor y ministros.

Todo eso es cierto, pero eso no es todo. El ensayo de Isabel Burdiel, catedrática de Historia Contemporánea de la Universidad de Valencia, Isabel II. Una biografía (1830-1904), publicado por Taurus, es el relato de una decepción. "Las biografías se escriben para abordar problemas históricos", expone, "a mí me interesaba la difícil relación entre monarquía y liberalismo, analizar el origen del desencuentro entre las fuerzas de la modernidad y la monarquía, que ha ido siempre por detrás". "Es un problema europeo, pero España tiene una especificidad: no hay un cambio de dinastía tras la revolución liberal y la misma dinastía se tiene que adaptar a un mundo posrevolucionario", añade.

Isabel II fue el primer monarca constitucional de España. Pero eso no garantiza un hueco digno en la historia, como el que ocupan con luces y sombras Carlos V, al que Hugh Thomas da otra vuelta en El imperio español de Carlos V (Planeta) o Felipe II, al que el catedrático Geoffrey Parker disecciona en La biografía definitiva (Planeta) con la humildad de avisar: "Nadie tendrá tiempo jamás de leer todos los documentos relevantes sobre el medio siglo que ejerció el poder". Hasta 2.000 papeles llegó a firmar en un día. Y en esos 50 años apenas seis meses discurrieron sin guerra.

Parker ha buceado en la Colección de Altamira, integrada por miles de billetes autógrafos del rey y sus ministros en los que se abordan asuntos trascendentales y menudencias como los "excusados" de El Escorial. A partir de este material, el biógrafo construye un retrato que difiere del trazado por otro hispanista, Henry Kamen. "Ciertamente, algunos acontecimientos, e incluso algunos dominios, escaparon ocasionalmente al control efectivo de Felipe, del mismo modo que escapan periódicamente al control efectivo de todo estadista en tiempos de guerra. Sin embargo, Felipe pasó la mayor parte de su vida tomando decisiones que le permitieran mantener o recuperar la iniciativa", sostiene Parker.

A Felipe II le educaron desde niño para ser rey. A la heredera de Fernando VII, absolutista feroz que firmaba constituciones pensando en el modo de derogarlas, nadie la educó para ser reina por más que la abrazaran como el icono de la modernización. Menos que nadie, su madre, la regente María Cristina, "muy inteligente, hábil, capaz", a la que interesaba Isabel como mero "peón" del poder y que dirigió sus afectos a la segunda familia que formó de tapadillo tras la muerte de Fernando VII con el guardia de corps Fernando Muñoz y Funes. "Isabel fue una niña emocionalmente abandonada y políticamente secuestrada. Tiene una educación precaria en contenidos y moral, se la acostumbró a hacer lo que le daba la gana, sin escrúpulos, y sin importar la traición", expone Burdiel, que dedicó una década a investigar.

Isabel II dejó de estudiar a los 13 años, cuando fue declarada mayor de edad. Si hasta entonces había fallado su formación, a partir de ahí se suceden las maquinaciones, contubernios, calumnias e intrigas desde los círculos familiares y políticos para controlarla. Su vida sexual alimenta comidillas y devora su reputación. Luego vendrá la purga ultracatólica. Hay un cerco machista evidente. "Otros reyes han tenido una vida privada similar y no han tenido los mismo efectos políticos. La reina es deleznable, pero lo que me interesa es ver cómo se fabrica un monstruo, que es producto de la educación, del contexto y de los políticos que luego le achacan las culpas de lo que han fabricado", reflexiona la autora.

Créditos: Tereixa Constenla, Isabel Burdiel, Isabel II

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