Antoon Van Dyck y El Escorial – La huella del genio a través del tiempo   Leave a comment

Las obras de Antoon Van Dyck se expondrán desde hoy y hasta el 8 de mayo en el Centro Las Claras de Cajamurcia

«La calidad siempre se impone a través de los avatares del tiempo», afirma Matías Díaz Padrón. Y de esos avatares sabe mucho el conservador del departamento de Pintura del Renacimiento y Barroco del Prado durante varias décadas, ya que ha rescatado del olvido varias obras de Antoon Van Dyck, mal atribuidas, extraviadas en el tiempo… Declara, con una sonrisa, que «la historia de la vida de los cuadros es increíble» y su propio nombre aparece ahora en la de algunas obras del pintor flamenco del siglo XVII que, desde hoy y hasta el 8 de mayo, se exponen en el Centro Las Claras de Cajamurcia.

La huella del genio a través del tiempoEn Murcia se muestran seis óleos –procedentes de la Real Academia de San Fernando, El Escorial, colecciones particulares y el hospital de la Venerable Orden Tercera de San Francisco–, varios grabados realizados en colaboración con otros artistas y un dibujo, quizá lo último que pintó Van Dyck. «Fue su última idea para una obra que preparaba para la Catedral de Amberes y que no se llegó a realizar porque el pintor falleció», detalla Díaz Padrón, quien ha documentado la relación y la influencia que el discípulo de Rubens tuvo en nuestro país en el libro Van Dyck en España, publicado por Prensa Ibérica –editora de LA OPINIÓN–, a la que los organizadores agradecieron su colaboración.

El también director del Instituto Moll –Centro de Estudios Flamencos de Prensa Ibérica– explica que la emoción no la siente ante un nuevo descubrimiento, sino «al mirar la belleza de los cuadros». Entonces es cuando le «tiemblan las piernas». «Cuando uno está inmerso en este oficio casi no tiene tiempo de alegrase, aunque siempre está la satisfacción del trabajo bien hecho, de ser útil», añade este hombre que asegura tener una lista de ´van dycks´ que aún están por encontrar.

El que sí encontró, en los sótanos de la Real Academia de San Fernando, fue La Virgen y el Niño con los pecadores arrepentidos, la pieza central de la exposición Ecos de Van Dyck. Se trata de un óleo que durante años fue atribuido a Mateo Cerezo y que después fue catalogado como «copia de Van Dyck». Ahora, recién restaurado –con la colaboración de Cajamurcia–, y después de que su historia haya sido publicada recientemente, «el cuadro se presenta en Murcia como primicia mundial». «Los murcianos serán los primeros en ver esta joya», recordó durante la presentación de la muestra el director del Museo de la Academia de San Fernando, José María Luzón. Junto a él y a Díaz Padrón, también estuvo presente el gerente de la Fundación Cajamurcia, Pascual Martínez.

La calidad de La Virgen y el Niño con los pecadores arrepentidos, así como «la delicadeza de unas pinceladas de sorprendente precisión en las carnaciones y centelleante luz en las telas y complementos santuarios, las telas agitadas, en pliegues delgados, y la esbeltez, a la que se une un relajado abandono» no dejaban duda en Díaz Padrón de que la obra era de Van Dyck, aunque durante años se dedicó a recopilar información que lo avalara. Ahora, «solo falta un documento del propio pintor que lo diga», declara el conservador del Prado; ya que su historia al fin puede ser contada de forma fidedigna.

Historia y arrepentimientos
El hermoso lienzo fue un regalo del duque de Medina de las Torres a Felipe IV, quien decidió colocarlo, junto a otras obras de Van Dyck, en la antesacristía de El Escorial en el siglo XVII. Allí permaneció siglo y medio y aparece citado, entre otros, por Velázquez. Tras la invasión napoleónica, el óleo ya no se encontraba en el monasterio. La razón de su ´desaparición´ a principios del siglo XIX fue la mala catalogación –se lo atribuyeron a Cerezo– en un lote de obras que José I envió a Napoleón para el Louvre, aunque la operación fue abortada y las piezas fueron devueltas a España. El resto de la historia ya se sabe.

Tras la identificación realizada por Padrón, la obra fue restaurada y salieron a la luz todos sus secretos. Luzón explica que en él había «huellas de numerosas intervenciones y hasta 11 números de inventario». El académico detalla asimismo que las radiografías y otros estudios mostraron los «múltiples arrepentimientos –rectificaciones del autor– que hay en la obra», como los cambios en la cabeza del hijo pródigo o los paños que cubrían en un principio las piernas del niño.

«La religiosidad» de Van Dyck también se demuestra en esta obra, según Díaz Padrón, ya que el autor pintó la salvación de los pecadores; un tema en consonancia con la Contrarreforma –respuesta al protestantismo, que no contemplaba la posibilidad de que fueran salvados– que supone «una prueba de que el autor estaba integrado en el sentimiento español». Y es que eso es también lo que se pretende con esta muestra, recordar que «su presencia y su influencia en España fue imponente» y que, aunque hay muy poca información al respecto, Van Dyck «fue un pintor muy vinculado a nosotros».

Créditos y Agradecimientos: La Opinión de Murcia, Julia Albadalejo

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